Pocos temas en el deporte ecuestre brasileño generan tanto calor como la relación entre la vaquejada y el bienestar de los animales. De un lado: practicantes, entidades del sector y defensores de la tradición cultural. Del otro: organizaciones de protección animal y parte de la comunidad veterinaria. En el medio: un sistema jurídico que intentó prohibir el deporte, dio marcha atrás y finalmente lo constitucionalizó.

El debate no es sencillo — y merece ser examinado con honestidad, sin caricaturas de ninguno de los lados.

Qué está en juego en este debate

La pregunta central es si el acto de derribar un toro por la cola — la técnica fundamental de la vaquejada — constituye maltrato animal. Las preocupaciones específicas planteadas por los críticos del deporte incluyen:

  • Daños a la columna vertebral del toro durante la torsión impuesta por el jalón de la cola
  • Lesiones en los miembros derivadas del impacto de la caída sobre la arena de la pista
  • Estrés psicológico generado por el confinamiento, la persecución y los derrumbes repetidos
  • Ausencia de consentimiento: el animal es sometido a un procedimiento que no elige

Del lado de los defensores, los argumentos principales son:

  • Contexto histórico y cultural: la práctica tiene más de tres siglos de historia y es parte de la identidad nordestina
  • Regulación: las entidades del deporte han implementado protocolos rigurosos de bienestar animal
  • Comparación con otros deportes: las corridas de toros, los rodeos, las carreras de caballos y otras prácticas que involucran animales tienen impactos físicos comparables o mayores
  • Condiciones de los animales: los toros de vaquejada generalmente tienen condiciones de manejo significativamente mejores que la mayoría del ganado de carne

El fallo del STF: un punto de inflexión jurídica

El capítulo más dramático del debate fue el fallo del Supremo Tribunal Federal (STF) de Brasil en 2016. Por 6 votos a 5, el STF declaró inconstitucional una ley del estado de Ceará que regulaba y protegía la vaquejada — considerando que la práctica causaba maltrato animal incompatible con el artículo 225 de la Constitución Federal.

La decisión fue un terremoto para el sector. No porque prohibiera inmediatamente el deporte en todo Brasil — los fallos de inconstitucionalidad sobre leyes estatales tienen efectos más limitados — sino porque creó una amenaza real a la continuidad del deporte.

¿Cómo sobrevivió la vaquejada al fallo del Supremo?

La respuesta vino del Congreso Nacional. En octubre de 2017 se aprobó la Enmienda Constitucional nº 96, que modificó el artículo 225 de la Constitución para incluir:

«No se considerarán crueldad las prácticas deportivas que utilicen animales, siempre que sean manifestaciones culturales (…) registradas como bien de naturaleza inmaterial integrante del patrimonio cultural brasileño.»

La vaquejada, ya reconocida como patrimonio cultural inmaterial por el IPHAN desde 2014, encajaba perfectamente en esa definición. Con la Enmienda Constitucional, el deporte pasó a tener protección constitucional explícita.

La decisión fue controvertida entre los juristas: para algunos, constitucionalizar una práctica para sortear un fallo del Supremo sentó un precedente problemático. Para otros, reflejó legítimamente los intereses de una región cultural específica.

¿Qué cambió en la práctica tras la regulación?

El proceso jurídico, a pesar de su turbulencia, tuvo un efecto concreto positivo: obligó a las entidades del deporte a mejorar sus protocolos de bienestar animal. Las regulaciones actuales de la ABVAQ y la ABQM incluyen:

Protección obligatoria de la cola: todos los toros que participan en competencias reguladas deben tener la base de la cola vendada con acolchado — un requisito que no era universal antes del debate jurídico.

Límite de carreras por animal: cada toro tiene un número máximo de carreras por día y por evento. Los límites varían según el reglamento, pero su existencia es obligatoria.

Atención veterinaria en los eventos: la presencia de un médico veterinario durante las competencias es requisito para la homologación de los eventos por parte de las asociaciones.

Selección de peso y talla de los animales: los reglamentos establecen rangos de peso y talla para los toros para evitar incompatibilidades extremas con los caballos.

¿Qué dice la ciencia sobre las lesiones en la vaquejada?

La literatura científica sobre el tema es limitada pero existe. Estudios veterinarios brasileños han documentado la ocurrencia de lesiones musculoesqueléticas en bovinos utilizados en la vaquejada — especialmente lesiones de cola y miembros posteriores.

Los hallazgos son reales y no deben ser descartados. La pregunta que el debate plantea es sobre proporción y contexto: ¿con qué frecuencia ocurren las lesiones documentadas? ¿Son permanentes o temporales? ¿Cómo se comparan con las lesiones documentadas en otros usos del ganado bovino?

La ausencia de estudios comparativos a gran escala mantiene este debate parcialmente emocional en ambos lados. Lo que la ciencia disponible indica es que el deporte, sin regulación ni protocolos de bienestar, tiene potencial de causar daño. Con regulación adecuada, el riesgo existe pero se reduce.

¿Es la vaquejada más dañina que el rodeo americano o las corridas de toros?

La comparación con otras prácticas culturales que involucran animales se usa con frecuencia en el debate. Las corridas de toros — aún practicadas en Portugal, España y algunos países latinoamericanos — resultan invariablemente en la muerte o lesión grave del toro. El rodeo americano, especialmente las pruebas de bull riding y bronc riding, documenta altas tasas de lesiones en caballos y toros.

Estas comparaciones no eliminan las preocupaciones sobre la vaquejada, pero colocan el deporte en un contexto más amplio: la relación entre deporte y uso de animales plantea interrogantes éticos en muchas culturas, no solo en Brasil.

Cómo se sitúa el debate en el mundo contemporáneo

El debate sobre vaquejada y bienestar animal forma parte de una transformación más amplia en la relación de la sociedad con el uso de animales para el entretenimiento. En muchos países, prácticas aceptadas durante siglos están siendo reconsideradas a la luz de nuevas evidencias científicas sobre la capacidad de sufrimiento animal.

Para la vaquejada, el camino sostenible parece estar en la dirección ya iniciada por las entidades del sector: regulación seria, investigación científica honesta sobre los impactos reales y disposición a adaptar las prácticas cuando la evidencia lo requiera — sin renunciar a la identidad cultural que el deporte representa.

El debate no terminará. Pero puede volverse más productivo si se conduce con rigor, honestidad y respeto mutuo por las perspectivas muy diferentes que están en juego.