
De todos los animales que el hombre ha domesticado, el caballo es, sin duda, el más importante.
Al ser herbívoro, el caballo no garantiza su subsistencia cazando a otros seres vivos. En libertad, pastan hasta 16 horas al día debido al bajo contenido calórico de su alimentación natural, y necesitan almacenar energía para utilizarla cuando sea necesario. Los caballos en manada suelen pastar en un radio de hasta 8 km desde el punto donde acostumbran beber.
Sus hábitos no lo califican para el ataque; al contrario, es un animal clasificado como presa. Sus armas de defensa son pocas:
a) Mordida – Su mandíbula, al morder (generalmente los sementales), puede producir un surco profundo. Este tipo de enfrentamiento cuerpo a cuerpo es incierto, y el caballo suele utilizarlo entre ellos mismos; rara vez lo emplea para atacar a un humano.
b) Coces – Debido a su campo visual lateral, que le permite una visión de 350 grados, el caballo lanza una coz certera. Para repetir el movimiento, necesita apoyarse en sus extremidades anteriores. Si el objetivo se desplaza, el caballo busca una nueva posición, lo que da tiempo a la víctima para defenderse.
c) Huida – Esta sí es su principal arma de defensa. Sus patas están diseñadas para desarrollar velocidad, pudiendo alcanzar hasta 60 km/h en pocos segundos.
La personalidad del caballo es el resultado de la herencia, la edad, el manejo, la temperatura, y de su sistema genital y endocrino.
La manada es una gran familia: hay animales que establecen dominancia sobre otros. Los más jóvenes se unen a grupos de caballos mayores y son dominados por ellos. Dentro del grupo se establecen relaciones de afinidad (“madrinazgo”). Si uno de ellos muere o es llevado a otro lugar, los demás pueden mostrar señales de tristeza.
Un caballo puede obedecer órdenes incluso de niños, porque acepta ser dominado por un humano del mismo modo que lo haría por un miembro de la manada. Necesitan ser guiados.
Cuando un caballo saluda a otro que le resulta desconocido, lo hace de frente. Ambos quieren verse con claridad y asegurarse de que no podrán ser coceados por el otro.
El caballo es un animal social y gregario: necesita compañía y comunicarse con otros miembros del grupo. Solo necesita transmitir emociones básicas y establecer una jerarquía de dominancia.
Cuando un caballo muerde a otro, puede ser simplemente una demostración de jerarquía, una forma de mostrar quién manda.
Si intenta morder al jinete, no se debe permitir. Hay que corregirlo en el momento, ya sea con un grito o con una expresión firme de autoridad.
Artículo escrito por Deolir Dall’Onder para la Revista Acontece Sul, año XII, Número 127.