
Los ricos estancieros argentinos, en su afán de modernidad, comenzaron a importar caballos europeos para cruzarlos con el Criollo, con la intención de mejorar sus planteles.
Para obtener mayor velocidad, los cruzaban con el Pura Sangre Inglés (PSI), y con el Percherón, buscando dar más fuerza al rústico caballo criollo. También se utilizaron otras razas, como el Árabe, Andaluz y Bretón.
Debido a criterios poco científicos y al exceso de cruzamientos, los criadores cometieron un gran error sin darse cuenta de que los caballos criollos estaban desapareciendo.
Las reducidas manadas de raza pura que aún existían pertenecían a los indios Tehuelche, tribus nómadas del sur de Argentina.
Esa era la situación del caballo criollo hacia el año 1900.
Fue entonces cuando apareció la figura de Emilio Solanet, estanciero, veterinario, hipólogo y profesor, quien inició el trabajo de rescatar la raza criolla, cuyas características originales estaban desapareciendo.
Era propietario de la estancia El Cardal, de 6.600 hectáreas.
Al comprar una tropa de ganado que recorrería 1.600 kilómetros desde la Patagonia, Solanet notó que los caballos montados por los nativos se mantenían alertas y descansados. Intrigado, preguntó a los nativos cuál era el secreto del buen estado de sus caballos.
Ellos respondieron:
“El gateado muere antes de cansarse”.
Don Emilio Solanet comenzó a investigar el origen de esos caballos y llegó a la conclusión de que estaba frente a la más pura raza criolla, resultado de siglos de selección natural.
Realizó tres viajes a la Patagonia, donde, cabalgando entre los indios Tehuelche, revisó alrededor de 1.200 caballos y seleccionó 84 ejemplares —principalmente reproductores—, que compró al cacique Tehuelche Sacamata y llevó a su estancia El Cardal.
Estos animales son los antepasados de todos los caballos criollos registrados actualmente en Argentina.
Durante mucho tiempo, el estado brasileño de Rio Grande do Sul fue importador de caballos criollos argentinos, hasta la llegada de los criollos chilenos.
La observación cuidadosa de Emilio Solanet, que buscaba lo que la naturaleza había seleccionado sin recurrir a cruzamientos exóticos, permitió preservar las mejores características y perfeccionar la raza.
Socio de la Sociedad Rural Argentina, Solanet solicitó el reconocimiento oficial del Caballo Criollo.
Pese al escepticismo general, en 1920 logró inscribir 15 ejemplares en la Exposición Rural de Palermo.
Aquella primera presentación fue duramente criticada, pero Solanet impuso sus ideas, y otros estancieros comenzaron a criar caballos criollos siguiendo su método.
En septiembre de 1922, la Sociedad Rural Argentina le otorgó la oficialización de la raza, por la que tanto había trabajado.
Ese mismo año, el caballo “Olvido Cardal” se consagró campeón en Palermo.
Este tostado, nacido en 1919, es uno de los caballos más clásicos de la raza, padre de 16 campeones y origen de cuatro generaciones que dieron descendencia a cientos de ejemplares.
🖋️ Artículo escrito por Deolir Dall’Onder para la Revista Acontece Sul, año XII, número 135.