Había una carrera que Man o’ War no debería haber ganado. Era agosto de 1919, en Saratoga Springs, Nueva York, y el campo incluía un caballo llamado Upset. Man o’ War partía en desventaja — mal posicionado, de espaldas cuando se dio la salida — y aun así llegó segundo por menos de una cabeza. Fue su única derrota en dos años de carreras.

El ganador se llamaba Upset. Y el idioma inglés nunca volvió a usar esa palabra de la misma manera.

Man o’ War ganó 20 de las 21 carreras que disputó. Batió cinco récords mundiales. Venció con márgenes que hacían dudar a los cronometristas de sus propios ojos. Y cuando murió, en 1947, más de mil personas acudieron a su funeral — en una época en la que viajar al entierro de un caballo requería un esfuerzo considerable.

El origen de un caballo legendario

Man o’ War nació el 29 de marzo de 1917, en la granja de August Belmont II, en Lexington, Kentucky. Era un potrillo castaño rojizo — el mismo color que Secretariat, cincuenta años después — con el pedigree de las mejores líneas del turf estadounidense. Su padre, Fair Play, era uno de los sementales más codiciados de la época. Su madre, Mahubah, descendía de líneas igualmente prestigiosas.

August Belmont II vendió a Man o’ War como potrillo en un remate de 1918 — por 5.000 dólares, considerado un buen precio en aquel tiempo. El comprador fue Samuel Riddle, un empresario de Pensilvania. Riddle jamás vendió al caballo en vida.

El potrillo era grande, musculoso, con una energía que sus cuidadores describían como difícil de contener. No era agresivo, pero era incansable — siempre en movimiento, siempre alerta. Los jinetes que lo trabajaban durante el entrenamiento descubrieron rápidamente que debían cansarlo deliberadamente antes de las carreras para que el jockey pudiera controlarlo en la salida.

Por qué Man o’ War era tan difícil de contener

La respuesta está en parte en la biología. Man o’ War, como Secretariat décadas después, tenía un corazón excepcionalmente grande — estimado en torno a los 9 o 10 kilogramos, frente a la media de 3,5 a 4 kilos. La misma anomalía, probablemente transmitida por la misma línea genética.

Un corazón más grande significa más oxígeno en los músculos — pero también más energía general, más vitalidad, menos necesidad de reposo. Los caballos con esta característica tienden a ser más agitados, más difíciles de manejar fuera de la pista, más resistentes al cansancio. Es el precio de la excepcionalidad biológica.

Las carreras de 1919 y 1920

Man o’ War disputó 10 carreras en 1919, como potro de dos años, y ganó 9. La única derrota fue la de Upset en Saratoga. En 1920, disputó 11 carreras como potro de tres años y ganó las 11.

Las victorias de 1920 incluyeron el Preakness Stakes y el Belmont Stakes — dos de las tres carreras de la Triple Corona. Man o’ War no disputó el Kentucky Derby porque Samuel Riddle optó por no inscribirlo, considerando que el Derby llegaba demasiado pronto en la temporada. Es una de las grandes especulaciones del turf estadounidense: ¿qué habría ocurrido si Man o’ War hubiera corrido en el Kentucky Derby de 1920?

Los márgenes de victoria en 1920 eran de otro mundo. En el Belmont Stakes, ganó por 20 cuerpos — batiendo el récord de la prueba. En una carrera llamada Lawrence Realization Stakes, su ventaja sobre el segundo clasificado fue de 100 cuerpos. Cien cuerpos. El número está correctamente escrito.

¿Cómo eran las apuestas en las carreras de Man o’ War?

Un fenómeno peculiar ocurrió cuando Man o’ War empezó a dominar el turf con una consistencia tan absoluta: los apostadores dejaron de apostar por los rivales. Las cuotas contra los contrincantes se volvieron tan altas que muchos hipódromos simplemente dejaron de aceptar apuestas contra Man o’ War — no tenía ningún sentido económico.

En una carrera contra un único adversario llamado John P. Grier — considerado hasta entonces el segundo mejor caballo de la temporada —, las apuestas eran de 1 a 100 a favor de Man o’ War. Ningún libro de apuestas podía cubrir una victoria de John P. Grier si se aceptaban en proporciones normales.

Man o’ War ganó por 1,5 cuerpos, en una de las carreras más emocionantes de su carrera. John P. Grier lo desafió hasta la recta final — y perdió únicamente porque Man o’ War simplemente no dejó de acelerar cuando el rival intentó superarlo.

El retiro y la vida como semental

Man o’ War se retiró de las carreras en noviembre de 1920, con solo tres años — una decisión de Samuel Riddle que frustró a los aficionados, pero que Riddle justificó por la salud del animal. El caballo fue instalado en un haras en Lexington, Kentucky, donde pasó los siguientes 26 años como semental.

El período como semental fue extraordinariamente exitoso. Man o’ War produjo a War Admiral, que en 1937 ganó la Triple Corona estadounidense. Generó otros hijos e hijas que dominaron el turf americano durante décadas. Su impacto en la genética del Pura Sangre moderno es profundo — se estima que la mayoría de los Pura Sangre americanos tiene a Man o’ War en algún punto de su pedigree.

La granja de Riddle se convirtió en un destino de visita. Man o’ War, que había aprendido a distinguir a los visitantes de los cuidadores habituales, era famoso por presentarse — girando en el pasto, exhibiendo su extraordinaria figura — cuando llegaban grupos de personas. Los relatos de la época sugerían una cierta conciencia de su propio estatus de celebridad.

La muerte y el legado

Man o’ War murió el 1 de noviembre de 1947, de insuficiencia cardíaca, a los 30 años. Más de mil personas acudieron a su funeral, transmitido en directo por la radio — primera transmisión en vivo del funeral de un caballo en la historia de los Estados Unidos.

Fue enterrado en un ataúd de caoba en Faraway Farm, donde había vivido casi toda su vida. Más tarde, sus restos fueron trasladados al Kentucky Horse Park en Lexington, donde un monumento señala su tumba hasta hoy.

La pregunta sobre quién fue mejor — Man o’ War o Secretariat — es uno de los debates sin respuesta definitiva del turf. Corrieron en épocas distintas, en condiciones distintas, con tecnologías de cronometraje distintas. Lo que puede decirse con razonable certeza es que ambos representaron el límite exterior de lo que un Pura Sangre puede hacer. Y que esos límites, establecidos por dos caballos con décadas de diferencia, todavía no han sido superados.