Antes de 2009, había un consenso no escrito en el mundo de la doma clásica: superar el 85% en una prueba de Gran Premio Especial era extraordinario. Superar el 90% era sencillamente imposible — un techo teórico que los manuales ni siquiera mencionaban porque no había razón para hacerlo. Entonces Totilas entró en la pista.

El semental negro nacido en los Países Bajos en el año 2000 no solo cruzó ese umbral. Lo hizo irrelevante. Montado por Edward Gal, Totilas produjo secuencias de movimiento que reescribieron la vara con la que el deporte medía la excelencia — y convirtió la doma clásica en un fenómeno capaz de atraer audiencias que nunca en su vida habían visto una competición ecuestre.

¿Quién fue Totilas y cómo llegó a la cima?

Totilas era un KWPN — un warmblood neerlandés — criado por el Gestut Mühlenbach en Alemania y adquirido de joven por los propietarios holandeses Tosca y Cees Pollmann-Schweckhorst. Su desarrollo inicial fue prometedor pero sin espectacularidad. Lo que cambió fue la alianza con Edward Gal, uno de los jinetes de doma más técnicamente precisos de su generación.

Lo que Gal identificó no fue solo un caballo físicamente excepcional — fue un animal con una disposición inusual para el trabajo reunido. Totilas respondía a las ayudas con una sensibilidad que hacía la comunicación entre jinete y caballo casi invisible para el espectador.

Esa invisibilidad — cuando el público no puede identificar lo que el jinete está pidiendo porque la respuesta del caballo parece espontánea — es el ideal supremo de la doma clásica. Totilas lo alcanzó con más consistencia que ningún caballo anterior.

Los números que nadie había visto antes

En 2009 y 2010, Totilas batió los tres récords mundiales del Gran Premio de doma: Gran Premio, Gran Premio Especial y Freestyle. Cada uno de esos récords había resistido años antes de que Totilas llegara a romperlos todos en el mismo período.

En el Gran Premio Especial del Campeonato Europeo de Windsor, en 2009, marcó 89,4% — superando el récord anterior por un margen que los jueces raramente ven en una sola competición. En el Freestyle del mismo campeonato, alcanzó 90,75% — la primera vez que cualquier caballo superaba el 90% en una prueba oficial de Gran Premio.

En el Campeonato Mundial de Hípica de 2010, celebrado en Lexington, Kentucky, Totilas ganó tres medallas de oro individuales — Gran Premio, Gran Premio Especial y Gran Premio Freestyle — más el oro por equipos: cuatro oros en un solo campeonato. Una marca que ningún otro caballo de doma había alcanzado y que sigue sin equivalente en la historia reciente del deporte.

¿Por qué las puntuaciones de Totilas eran tan altas?

El sistema de puntuación de la doma evalúa cada ejercicio en una escala del 0 al 10, valorando impulsión, ritmo, elasticidad, sumisión y contacto. Totilas demostraba lo que los jueces llaman schwung — término alemán que describe la transmisión de energía desde los posteriores hacia los anteriores a través de un dorso supple y oscilante — en un grado raramente visto.

Además, sus ejercicios de piaffe y passage — los dos más exigentes del Gran Premio — mostraban una elevación de rodillas y una regularidad de ritmo que los jueces comparaban con el ideal clásico de los manuales. Sin ruptura visible del ritmo, sin tensión muscular detectable, sin resistencia alguna. Solo movimiento.

La venta que dividió al mundo ecuestre

En noviembre de 2010, pocas semanas después del Campeonato Mundial, Totilas fue vendido a un consorcio alemán liderado por Paul Schockemöhle por un precio que nunca se confirmó oficialmente, pero que fuentes del sector estiman entre 10 y 15 millones de euros — potencialmente el caballo de doma más caro de la historia.

La venta fue más que una transacción: fue un terremoto en el mundo hípico europeo. Totilas, que había sido el símbolo de la doma neerlandesa, competiría ahora por Alemania. Edward Gal — su compañero, el jinete que había construido esa comunicación invisible a lo largo de años de trabajo silencioso — quedaría atrás.

¿Qué le ocurrió a Totilas después de la venta?

La pregunta que el mundo de la doma pasó los años siguientes intentando responder es simple y dolorosa: ¿por qué Totilas nunca volvió a ser el mismo?

Con su nuevo jinete Matthias Rath, Totilas compitió a un nivel competente — pero no en la trascendencia de sus años con Gal. Las puntuaciones eran altas, pero no históricas. Las lesiones complicaron aún más el panorama. Cuando regresaba a la pista, había destellos de brillantez — pero el hilo que había existido entre él y Gal parecía imposible de recrear con otra persona.

Esto planteó una cuestión que el deporte sigue debatiendo: ¿era Totilas extraordinario por ser Totilas — o por ser Totilas con Gal?

El legado técnico: lo que Totilas cambió en la doma

Independientemente del debate sobre lo que ocurrió tras la venta, el impacto técnico de Totilas en la doma es innegable y permanente.

Redefinición de los estándares de puntuación: Antes de Totilas, las actas de puntuación raramente registraban 10s en ejercicios como el piaffe y el passage en competiciones de Gran Premio. Después de él, los jueces tuvieron un referente concreto de cómo deben ser esos 10s — lo que elevó el nivel de exigencia en todo el sistema de evaluación.

Popularización del deporte: Los vídeos de Totilas, ampliamente compartidos en internet, introdujeron la doma a audiencias que nunca habían visto la modalidad. La combinación de música (especialmente en el Freestyle, donde cada jinete elige su propia banda sonora) con movimientos de precisión extraordinaria creó un producto que trascendió las fronteras tradicionales del deporte ecuestre.

Debate sobre límites biomecánicos: Algunos especialistas cuestionaron si los ángulos de flexión de las patas anteriores de Totilas eran sostenibles a largo plazo sin riesgo de lesión. Ese debate, aunque controvertido, obligó a la comunidad ecuestre a discutir más abiertamente la salud articular de los caballos de alto rendimiento.

Totilas murió en 2020 — su influencia permanece

En diciembre de 2020, Totilas murió a los 20 años de complicaciones de salud. El mundo de la doma lo lamentó con la intensidad reservada para los más grandes — no solo porque había sido el mejor, sino porque había mostrado al deporte lo que «mejor» podía significar.

Sus descendientes ya empiezan a aparecer en las pistas de doma joven. Pero el legado más duradero de Totilas no es genético — es el listón que elevó. Todo jinete que hoy aspira a un 10 en piaffe sabe, consciente o no, que esa nota tiene un referente concreto: un semental negro que un día entró en una pista y demostró que los límites de lo imposible podían moverse.