Al observar las pruebas ecuestres, dos aspectos son relevantes de destacar. Primero, el caballo es el único animal presente en los Juegos Olímpicos que, junto con su jinete o amazona, forma un conjunto único y cohesionado. Segundo, los deportes ecuestres son los únicos en los que hombres y mujeres pueden participar en una misma prueba, compitiendo en igualdad de condiciones.

“El caballo, por naturaleza, es un ser vivo no agresivo, muy dispuesto a cooperar, siempre que se le trate con gentileza y firmeza. Y en el caso de que sea necesario usar la fuerza, entonces uno entra en un dominio que ya no corresponde al arte ecuestre, ni tampoco al círculo en el que habitan las personas civilizadas.”

— Nuno Oliveira (1979), gran maestro de la equitación clásica.

Adiestramiento

La primera disciplina, y quizás la más importante, es el Adiestramiento, ya que todo caballo de competencia, sin importar la modalidad, debe comenzar por él.

El adiestramiento demuestra la sumisión y la armonía del caballo con su jinete mediante ejercicios de gran dificultad, belleza plástica y precisión.
La ligereza y facilidad en la ejecución de los movimientos dan la impresión de que el caballo los realiza naturalmente, sin que se noten las ayudas invisibles del jinete.
Toda la atención se centra en el caballo, que expresa la pureza y la estilización de los movimientos naturales al exhibir su técnica.

Ejecución de las pruebas

Las pruebas se realizan en una pista de 20 x 40 metros o 20 x 60 metros, al aire libre o en una pista cubierta (indoor), muy común en Europa, con el público a unos 15 metros de distancia.
La pista está cercada a una altura de unos 30 centímetros, con un espacio entre las barras de forma que impida el paso de los cascos del caballo.
Los puntos por donde el caballo debe pasar están marcados con letras.

La ejecución del programa de las pruebas se denomina reprise, y debe realizarse completamente de memoria.
Todos los movimientos que contiene deben sucederse en el orden indicado.

Técnica y entrenamiento

Se trata de una disciplina esencialmente técnica, además de ser fundamental para preparar a los caballos que, tras un entrenamiento específico en adiestramiento, pasarán a especializarse en otra modalidad.
Es decir, el caballo inicia su nueva disciplina con una base sólida, capaz de desplazarse con armonía y técnica al paso, trote y galope de manera cadenciosa, regular y precisa.

El jinete debe aplicar las ayudas de manera casi invisible y será juzgado por su postura, equilibrio y modo de sostener las riendas.
También deberá ejecutar las transiciones sin que el caballo ofrezca resistencia.

Montar un caballo sin adiestramiento nunca brindará tanta satisfacción como montar un caballo bien adiestrado.

Artículo escrito por Deolir Dall’Onder para la Revista Acontece Sul, año XIV, número 146.