Una alimentación de calidad es fundamental para garantizar el bienestar y la salud de los caballos. En esta guía, te presentamos 16 recomendaciones prácticas para una correcta nutrición y manejo alimenticio de los equinos.

  • Alimentar a los caballos en horarios regulares.
    Mantener una rutina diaria favorece el equilibrio digestivo y reduce el estrés.
  • Utilizar comederos a la altura de la escápula (paleta).
    Esto imita la posición natural de alimentación y favorece una correcta digestión.
  • Evitar comederos demasiado altos.
    Cuando el caballo come con la cabeza elevada, aumenta la inhalación de polvo del alimento, lo que puede provocar problemas respiratorios.
  • No colocar el alimento directamente en el suelo.
    Esto incrementa la contaminación fecal y el desperdicio, además de favorecer el parasitismo intestinal.
  • Separar caballos mansos de los agresivos durante la alimentación.
    Así se evita que algunos animales monopolizen el alimento o se produzcan accidentes.
  • Realizar cualquier cambio en la dieta de forma gradual.
    La modificación del tipo o cantidad de alimento (incluyendo forrajes) debe hacerse en un período mínimo de 4 a 7 días, para prevenir indigestiones, laminitis o cólicos.
  • Observar a los caballos mientras comen.
    Cambios repentinos en el apetito pueden indicar problemas en el alimento o en la salud del animal.
  • No ofrecer alimentos con moho o con exceso de polvo.
    Estos pueden causar tos crónica, enfisema pulmonar o hemorragias nasales.
  • Calcular la cantidad de alimento según el peso corporal, no por volumen.
  • Suministrar entre 0,75 y 1 kg de forraje por cada 100 kg de peso corporal.
    Puede ser en forma de heno, pasto cortado o pastura de buena calidad.
    Los caballos que pastan deben hacerlo por al menos cuatro horas diarias.
  • Si el caballo trabaja durante el día, ofrécele la mayor parte del forraje por la noche.
    Así podrá comer con calma y realizar una digestión completa.
  • Solo ofrecer pasto cortado si está fresco, sin polvo ni herbicidas.
  • Ofrecer pequeñas porciones varias veces al día.
    El estómago del caballo es pequeño; no debe recibir más de 3 kg por comida.
    Lo ideal son tres comidas diarias con intervalos mínimos de cuatro horas.
  • Respetar una pausa de una hora antes y después del trabajo físico.
    Este tiempo permite que el caballo normalice su respiración y circulación, evitando cólicos o malestares.
    Lo mismo aplica para el suministro de agua.
  • Agregar 50 ml de aceite vegetal (aceite de cocina) dos veces al día al alimento.
    Esto mejora el brillo del pelaje y favorece la función digestiva.
  • Mantener siempre disponible sal común (cloruro de sodio) y sales minerales.
  • Considerar la temperatura del agua.
    El agua muy caliente no sacia la sed y puede causar atonía digestiva, mientras que el agua muy fría puede provocar cólicos.